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Chemex

Descendiente directa del matraz Erlenmeyer utilizado en química, la cafetera Chemex fue inventada en 1941 en Alemania, por el Dr. Peter Shlumbohm. La Chemex esta formada por un solo recipiente de vidrio en forma de dos conos truncados, el más grande en la parte interior, donde se recoge el café preparado y el más pequeño y abierto en la parte superior, donde se coloca el filtro.

Las cafeteras Chemex vienen en diferentes tamaños y pueden servir de tres a seis tazas de café. La relación ideal requiere de 15 gr de café por cada taza.

Este es el proceso para preparar cuatro tazas de café de 200 ml tome un litro de agua caliente a (95 °C) y coloque el filtro de papel en el cono superior de la cafetera. Enjuague bien el filtro con un poco de agua caliente, dejando que pase por el papel, y luego deseche esa agua.

Coloque el café en el filtro y vierta una parte del agua caliente sobre él, con un movimiento en espiral, hasta que el café en polvo esté completamente empapado.

Espere 45 segundos; vierta otra cuarta parte del agua y espere nuevamente. También mezclar el polvo mojado con una cuchara de madera, pero cada vez que vierta agua debe esperar 30 segundos antes de poner un poco más. Una vez tenga 800 ml de café en el cono inferior, la bebida está lista para servirse.

Los filtros de papel para la Chemex son más gruesos que los utilizados para métodos de filtrado, y esto hace que el proceso sea más lento y contribuye a una mayor extracción. Las cafeteras Chemex también funcionan con filtros metálicos que deben lavarse y secarse completamente después de cada uso.

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Cafetera Napolitana

La historia se basa en registros escritos, y la invención de la cafetera napolitana data de 1819 y se atribuye a un francés llamado Morize.

Sin embargo, nadie puede decir si esta técnica existía antes o si ya estaba en uso en Nápoles.

En cualquier caso, este tipo de cafetera se hizo famosa en Nápoles, quizás debido al amor de esta ciudad por un tostado fuerte, que produce un café con gran aroma, incluso si se usa una cafetera de filtros. Pero lo contrario también podría ser cierto: el amor por el café de sabor fuerte puede haber incluido a los napolitanos a tostar más los granos de café, para maximizar la extracción de sabor de la cafetera que, aunque lenta, ya que depende principalmente de la gravedad, tiene menos poder de extracción que una cafetera Moka o una máquina para expreso.

Inicialmente, las cafeteras napolitanas se fabrican de cobre y, a partir de 1886, aluminio. Hoy en día, las versiones de acero inoxidables son las más comunes.

También conocida como cuccumella, esta cafetera es generalmente cilíndrica y consta de una cámara para agua, una cámara para el café ya listo y una sección central para el café en polvo, compuesta por un filtro doble para permitir el paso del agua a través de la capa de café en polvo.

Para preparar una taza de café con una cafetera napolitana , se comienza por llenar la cámara de agua que cuenta con un pequeño orificio que evita la creación de presión interna y que señala cuando el agua comienza a hervir.

Luego se coloca un poco de café molido grueso en el filtro, que después se debe cerrar y colocar en su compartimiento especifico.

A continuación, debe colocarse en su lugar el recipiente para la recolección del café preparado, y la cafetera está lista para calentarse. Cuando el agua hierve, la cafetera debe ponerse boca abajo para que la gravedad haga pasar agua caliente a través de la capa de café y prepare la bebida en lo que ahora se ha convertido en la cámara inferior.

El proceso requiere entre 5 y 10 minutos, dependiendo principalmente del tamaño del grupo del café en polvo.

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El Sistema de Filtro

El sistema de filtros es una técnica de elaboración de café que se basa en el percolado por gravedad del agua precalentada a unos 95 °C. Aproximadamente de 10 a 15gr de café hacen una taza de unos 200 ml.

El filtro es el sistema ideal para aquellos a los que les gusto beber mucho café: crea bebida con poco cuerpo, pero si se hace correctamente, tiene poco amargor, una acidez equilibrada y un buen impacto olfativo. Este método es el más común en todo el mundo. Se utilizan en países donde las personas son ávidos consumidores de café, como en el norte de Europa y Estados Unidos.

Históricamente, el método de filtro fue el tercer proceso que se introdujo en el mundo del café. Si la cocción de drupas no proporcionaba un resultado satisfactorio desde el punto de vista organoléptico y era solo algo que disfrutaban los habitantes de las áreas de cultivo, la ebullición de los granos de café molidos producía una bebida con residuos que inevitablemente terminaban en la boca.

Esa es la razón por la que a principios del siglo XVIII, la gente ideó un método diferente y comenzó a poner el café en una bolsa de tela que luego se sumergía en agua hirviendo.

Un hombre llamado Donmartín perfeccionó esta técnica enganchando la bolsa a la parte superior de la cafetera que generalmente se mantenía a una distancia razonable de la superficie, para colocar un pequeño quemador debajo.

El café era tan importante, que incluso el arzobispo de parís Jean-Baptiste de Belloy (1709-1808) diseño su propia cafetera, con una innovación simple pero muy efectiva: dividió el recipiente en dos cámaras, una cámara cilíndrica inferior, con un pico equipado con un tope y una manija, y la parte superior, también cilíndrica, equipada con un filtro en la base y una tapa en la parte superior. Con este sistema, la gente podía preparar un café que estaba lleno de aroma. Esta técnica fue tan exitosa, que la máquina de café de Belloy se convirtió en la cafetera por excelencia, y todavía se usan algunas de ellas. Henrion y Hadrot perfeccionaron esta invención a principios del siglo XIX.

El sistema de filtros, basado en el percolado por gravedad, fue el precursor de muchos otros sistemas, cada uno con sus pros y contras, como, por ejemplo, el café en polvo colocado en un filtro de cono de lona en el que se vertía agua hirviendo, la cafetera de doble cámara con el café sostenido por un filtro de metal, el sistema de doble filtro para obtener una capa de café más homogénea, el filtro de inmersión para grandes cantidades (excelente rendimiento, pero baja calidad) y así sucesivamente.

Mientras tanto, también se estaban desarrollando nuevos sistemas de calentamiento de agua, invenciones que finalmente conducirían a máquinas eléctricas capaces de servir agua caliente sobre el café, así como nuevos tipos de filtros.

En la actualidad, la simplicidad de este método ha ampliado significativamente las posibilidades: desde los kits de dosis única utilizados en Japón (y en otros lugares) con taza, filtro, azúcar y leche en polvo, listo para usarse dondequiera que se pueda encontrar agua caliente, hasta las grandes máquinas de café capaces de hacer una gran cantidad de café para reuniones y conferencias.

En el mundo de los amantes del café y de los diferentes métodos de preparación y servido de café, hemos presenciado la difusión de sistemas de filtros basados en habilidades y maestría, que también son en cierta medida eficaces para exhibirse y que se han adoptado en cafés como una forma de introducir nuevas experiencias de café a nuevos consumidores. Vamos a revisar los principales sistemas de filtros, antiguos y nuevos.

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Expreso en Casa

El expreso que podemos hacer en casa actualmente es un descendiente directo de la bebida que se sirve en los bares, aunque no se ha alcanzado todavia el mismo nivel de perfección. La explicación es simple. Por razones comerciales, el equipo domestico debe ser mucho más barato y fácil de usar, y esta es la razón por la que su rendimiento no está al mismo nivel. Actualmente hay dos sistemas para preparar café expreso en casa: cápsula y maquinas automáticas.

Cápsulas

A finales del siglo pasado, la elaboración casera de expreso se simplificó con la invención de las cápsulas de café: una sola dosis de café molido y polvo de café envasada en un filtro de papel. Fue un gran invento, porque hizo que el expreso en casa fuera rápido y sencillo, y no muy diferente del que se servía en los bares.

Esta idea también allanó el camino a la difusión de nuevos tipos de café de un solo origen que podían probarse solos, lo que les daba a los amantes del café la oportunidad de degustar sabores y aumentar su conocimiento del café de países lejanos. El siguiente paso fue la invención de las capsulas de café expreso: de 5 a 7 gr de café en polvo envasado en pequeñas cajas de plástico o metal de diferentes formas y tamaños de deben insertarse en una máquina que puede suministrar agua a presión durante unos 15 segundos.

Hoy en día, las capsulas representan una buena parte del mercado del café en todo el mundo, y están empezando a extenderse incluso a los bares donde, debido al volumen de negocios o a otros factores, una máquina de expreso profesionales no sería una opción adecuada.

Máquinas automáticas de expreso

El café expreso se ha extendido por todo el mundo con millones de máquinas de expreso, pero no todos los cafés expreso son como el expreso italiano.

Para hacer un expreso italiano, se usan 7 gr de café en polvo, para una taza de 25ml. Pero en otros países, una taza de expreso se hace con 10 gr de café en polvo o más, y en algunas culturas una taza ideal de expreso puede ser incluso de 50 ml.

Pero hay más. Técnicamente, incluso el café hecho por máquinas expendedoras (como las instaladas en centros de trabajo y en muchos lugares públicos) es un expreso.

En muchos casos, una lógica comercial distorsionada ha provocado una pérdida drástica de calidad en la elaboración del café expreso, que entonces deja de ser una gran experiencia.

Esto se debe en esencia a la mala calidad del café que se usa en estas máquinas expendedoras y a su limpieza y mantenimiento incorrecto.

Hoy en día estas máquinas están equipadas con una excelente tecnología de extracción que puede proporcionar en muy buen café.

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Café Expreso Italiano Certificado

Una taza de café expreso italiano es de color café oscuro y está cubierta de una espuma de color avellana pardo.

La espuma es muy fina, con una textura gruesa sin burbujas, el aroma es intenso con toques claro de flores, frutas, pan tostado y chocolate, todas ellas sensaciones que pueden percibirse incluso después de que el café se bebe, con un aroma persistente que puede durar varios segundos, y a veces incluso unos minutos.

El sabor es pleno, consiste y aterciopelado, la acidez y el amargor están bien balanceados, sin que uno prevalezca sobre el otro, y no hay astringencia o muy poca.

Así es como el Instituto Nacional Italiano del Expreso (creado en 1998) define el café expreso, para asegurar el consumidor el mayo placer; también proporciona una tabla de mezclas, molinos dosificadores, máquinas y baristas.

El café expreso que se sirve en los bares no es una bebida ya hecha; se prepara en el lugar y, por lo tanto, el barista que lo elabora es esencial para la creación de una taza de café de excelencia. El barista elige la mezcla, ajusta el punto de molido del dosificador para que la molienda sea adecuada y regula la presión y la temperatura de la máquina.

Otros elementos decisivos para un buen resultado son los sentidos del barista y algunos parámetros físicos simples: el barista debe preparar 20ml de café en 25 segundos con agua a 90 °C, a una presión de 9 bares.

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Expreso de la Cafetera

Ciertamente, no fue solo la necesidad de preparar rápido el café lo que determinó el éxito del café expreso y de las millones de cafeterías y bares que lo sirven en todo el mundo ; si se prepara a la perfección, una taza de expreso siendo un placer insuperable.

Si bien el sistema de filtro mantiene todavia su supremacía en todo el mundo, se calcula que hoy en día hay más de dos millones de máquinas de café profesionales que preparan café expreso.

Y por “maquina profesionales” nos referimos a las que están al cuidado de un barista que se encarga de elegir la mezcla que él personalmente muele mientras opera con habilidad la maquina.

No estamos hablando de las máquinas electrónicas de café expreso automatizadas que, aunque son muy inteligentes y eficientes, no cuenta con el factor humano que hace que el café expreso sea mucho más agradable.

Sin embargo, la evolución de las maquinas de café ha contribuido significativamente a la evolución del café expreso en sí, y todavia hoy, una buena maquina de café puede marcar la diferencia en términos de calidad.

La maquina de expreso, el corazón del método, tiene raíces italianas: en la exposición de Brescia de 1857, Giovanni Loggia presentó una máquina de vapor y en 1884 Angelo Moriondo patentó una máquina de café grandecapaz de satisfacer las necesidades de una cafetería. En 1901, esta máquina fue perfeccionada por el ingeniero milanés Luigi Bezzera, que a su vez patentó su propia maquina de café mejorada. Y así llegamos a 1970, cuando aparecieron las primeras cafeteras con calderas múltiples.

El objetivo de esta innovación tecnológica fue lograr la máxima estabilidad combinada con una flexibilidad térmica, con el fin de mejorar el resultado final.

En estas máquinas, la producción de vapor estaba separada del calentamiento del agua utilizada para elaborar el café. En la década de 1980, aparecieron las primeras máquinas automatizadas con uno o mas molinos dosificadores integrados.

Hoy, la tecnología está cada vez más presente en la evolución de las máquinas de café.

Esto ha conducido a un alto nivel de automatización y una alta flexibilidad en términos de regulación de la temperación, lo que permite que las cafeteras personalicen al máximo el producto final.

En el mercado actual, hay varios sistemas para calentar el agua que se necesita para una taza de expreso: el sistema de intercambio de calor, el sistema de palancas y el sistema de caldera independiente.

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Café Expreso

Se obtiene una taza de café expreso al impulsar agua a través de una capa de café, lo que produce una bebida polifástica con una combinación de compuestos solubles, suspendidos y emulsificados. Lo cierto es que todos los tipos de café comparten estas mismas características, pero el café expreso no solo resalta en particular los compuestos suspendidos y emulsificados, sino que también se destacan por la relación que crea entre los dos y los compuestos solubles.

Hacia finales del siglo XIX, el café era una bebida común que se había vuelto un hábito en los países occidentales desde hacía al menos tres siglos. Durante ese período, se desarrollaron muchos sistemas para su preparación. Sin embargo, la tarea no era simple, porque no se trataba solo de hacer una infusión de café; el proceso tenía que ser rápido para que el café pudiera beberse recién preparado, mientras conservaba todas las bondades que extraía del polvo y dejaba los componentes menos nobles en el café molido residual.

Básicamente, durante al menos tres siglos el mundo del café hizo lo posible para satisfacer tres necesidades estrechamente interconectadas.

Rapidez: si bien es cierto que el café se aprecia especialmente por su cafeína, la manera más rápida de tomarla de la planta sería comerse una ensalada de hojas de café o unas cuantas cerezas, crudas o hervidas, como se hacia hace muchos años. Hoy, con la globalización, habría sin duda una forma de hacer llegar al mercado estos productos frescos todos los días. Pero solo los “masoquistas del gusto” disfrutarían de este tipo de productos. No sabemos quién tuvo el primer golpe de inspiración, pero la idea de tostar las semillas fue lo que marcó la diferencia, ya que solo a través del calor adquieren los granos de café el exquisito aroma que todos conocemos y apreciamos.

También es excepcional el hecho de que una cantidad relativamente pequeña de agua pueda extraer los componentes finos del café. ¿Agua caliente o fría?.

Cualquiera de las dos, pero el agua fría tarda más. Así, aunque la extracción en frío se conoce desde 1832, esta técnica es muy lenta y rara vez se usa.

Por otro lado, es fácil ver cómo la velocidad de preparación aumenta con el agua caliente. Al aumentar la presión, el agua llega a su temperatura de ebullición más rápido, la bebida resultante es menos agradable al paladar, ya que una extracción más fuerte resalta el amargor y la astringencia, lo que provoca una perdida de los aromas más elegantes.

Concentración: solo muy rara vez los sentidos humanos fallan al juzgar el efecto fisiológico de los alimentos, y el café no es una excepción. Es un hecho que desde sus orígenes, el café fuerte siempre ha sido considerado como una bebida que tiene un gran efecto sobre el sistema nervioso. La concentración o fuerza del café esta determinada por tres factores: intensidad del aroma, consistencia (cuerpo o viscosidad) y amargor.

Tres son las variantes que pueden determinar la fuerza de una taza de café: especie (los granos de Canephora [La Robusta pertenece a esta especie] hace café más fuerte que los de Arabica), tostado y extracción, Los granos tostados oscuros de Robusta producen una taza de café más fuerte, pero con una sensación menos placentera al paladar.

Es un hecho que en los primeros días del café en Europa (en el siglo XVII), la Arábica era la única opción. Pero se nos hace creer que debe haber sido una elección bastante pobre si un noble francés, un invitado del embajador del sultán Mehmed, sintió la necesidad de tomar un poco de azúcar de un ornamentado cuenco para agregarla a su taza de café. El sabor de la bebida mejoró tanto, que desde ese momento (1669) incluso el embajador comenzó a usarla.

El azúcar no solo compensa psicológicamente el amargor, sino que también agrega cuerpo y aumenta la persistencia del aroma. Tanto es así que, como observó el anatomista y botánico alemán Johann Vesling en 1638 mientras estaba en El Cairo, el azúcar ya se utilizaba en Egipto, donde las drupas de café incluso de confitaban. Sin embargo era un producto muy caro y la gente solía aprovecharlo al máximo, y el tostado no era la mejor manera de lograr esto, ya que, dados los recursos disponibles en esa época, probablemente se hacia de manera irregular y se dejaba un buen número de granos quemados.

Lo que se usaba más era la extracción; de hecho, el café se hervía un y otra vez, hasta diez o doce veces. Lo que es más, en los primeros días, el café se hacia el estilo turco; se hervía el agua en la clásica olla de cobre de doble cono truncado, luego se agregaba el café en polvo el agua y todo se volvía a poner en la estufa.

Cuando el agua volvía a hervir, la bebida se quitaba vez m{as del fuego hasta que dejaba de hervir y luego se volvía a calentar una ultima vez. Brillat Savarin decía que no se debía repetir el proceso más de tres veces, pero Savarin no solo era un refinado gourmet; también era un hombre muy rico. La gente pobre solía hervir el café una y otra vez solo para disfrutar del aroma.

Placer: cuando algo nos hace sentir bien, nuestro cerebro lo clasifica como útil y es por eso que nos gusta, incluso si hay señales que normalmente reducirían nuestro nivel de placer. Es por eso que aceptamos el amargor en la cerveza, en ciertos licores y en el café. Sin embargo, cuando el amargor se combina con astringencia (esa desagradable sensación de sequedad en la boca), el producto se vuelve inaceptable. En el pasado, la especie no era un problema como hoy, cuando Robusta esta tan extendida en el mercado, pero el tostado irregular que a menudo dejaba quemados los granos y la ebullición. Si por un lado la presencia de polvo de café en la bebida hacía que el café fuera más fuerte, por el otro era desagradable cuando llegaba a la boca y también aumentaba el amargor y la astringencia.

Se optimizo la forma de las cafeteras para mejorar la elaboración y se introdujeron filtros en el pico de vertido, lo que reinicio la calidad de la taza de café, pero no resolvió el problema por completo. La gente quería que su café fuera negro y caliente, recién hecho y no recalentado, por que otro problema era que los componentes grasos se volvían rancios, lo que pedía manifestarse en los granos solo unos días después de tostados (si no se cubrían), en el café en polvo unas pocas horas después de molido, y solo unos minutos después de la preparación.

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Agua y Café

¿Hasta qué punto afectan las características del agua? ¿Qué medios innovadores pueden utilizarse para mantener una máquina de café en buen estado, sin disminuir la cantidad de la mezcla?

La importancia que se atribuye el agua en la preparación de bebidas es hasta cierto punto legendaria, porque suele atribuirse la responsabilidad general de las características organolépticas de la bebida como un todo, casi como si el agua pudiera determinar una especie de indicación del origen geográfico. Se pueden encontrar ejemplos claros esto en la industria de la elaboración de cerveza y whisky. Hace más de un siglo, los japoneses creían tan firmemente en este principio, que trataron de reproducir un agua en su país que compartiera las misma características del agua escocesa, para comenzar la producción de whisky. A la larga, este esfuerzo resultó ser muy exitoso.

El café no es una excepción. Poblaciones enteras atribuyen al agua el merito de la calidad de su famoso café expreso: Nápoles es un ejemplo claro de esto.

El agua, el solvente universal del café, tiene obviamente su importancia, así que vamos a tratar de comprender mejor los mecanismos que rigen la relación agua/café en la elaboración del café expreso.

Características del gua y su interpretación con la leche

Básicamente, hay tres aspectos del agua que tiene un impacto en la preparación del café expreso.

Presencia de cloro: la cloración del agua es una medida de salud publica, pero sin duda es algo que no mejora la calidad de una taza de café. Aunque la cantidad de cloro disuelto en el agua potable se ha reducido gradualmente con los años, este elemento tiene, no obstante, una gran capacidad oxidante.

Este efecto aumenta con el calor y actúa sobre las grasas e influye en la formación de la espuma.

Presencia de olores anómalos: los olores anómalos en el agua pueden deberse a diferentes sustancias. Entre los peores se encuentra los compuestos de azufre que afectan directamente las propiedades organolépticas del café, enmascarando los florales y frutales frescos.

Presencia de magnesio y sales de calcio, que aumentan la dureza del agua.

El efecto negativo del cloro es que reduce la espuma en el café expreso y enmascara una amplia gama de aromas muy agradables, en particular los toques florales que son muy apreciados por la mayoría de los amantes del café.

Los olores anómalos son menos sutiles. En general, su presencia debe como advertencia de no usar ese tipo particular de agua, pero a nivel organoléptico, su efecto puede variar. Podría reducir la intensidad aromática, cancelar toda una serie de matices aromáticos o incluso resaltar olores anómalos que de otro modo no serían perceptibles.

El cloro y los olores anómalos se pueden evitar de dos maneras: usando agua sin cloro ni olores, o jarras y filtros de carbón activado que puede eliminarlos.

Pero centrémonos en el tercer tipo punto: la dureza del agua se debe a una combinación de aniones (sulfatos, carbonatos, etc.) y cationes (calcio, magnesio y otros). Los elementos de esta combinación se dividen en dos grupos: dureza permanente y temporal, que en conjunto determinan la dureza general del agua, el parámetro que normalmente aparecen en los kits comunes en el mercado.

La dureza permanente se debe principalmente a la presencia de sulfato de calcio, que no se elimina al calentar el agua, mientras que la dureza temporal se debe a los carbonatos que con el calor pueden producir incrustaciones en la máquina de café.

Y aquí llegamos al punto critico: el agua dura produce en mejor café, pero esta calidad entra en conflicto con la necesidad de mantener las cafeteras de expreso limpias y eficientes.

El calcio es un factor importante para obtener cuerpo, consistencia y una espuma estable y elástica. De hecho, este catión mejora la formación de una red de proteínas que, a medida que se sirve el café en la taza, incorpora coloides de carbohidratos y, debido a la acción del dióxido de carbono residual que contiene el café y a la diversidad de densidad de peso, asciende a la superficie creando la espuma.

Normalmente, el proceso para suavizar el agua se lleva a cabo reemplazando el calcio con sodio, otro catión que tiene un comportamiento diferente, Especialmente si se reduce el pH (aumento de la acidez), el sodio no solo tiene una cierta agresividad hacia los metales, sino que también tiende a hacer un café delgado, con espuma escasa y poco elástica. Para mejorar la producción de café expreso y garantizar al mismo tiempo un funcionamiento adecuado de la maquina, se han desarrollado métodos innovadores profesionales y domésticos, como filtros que combinan la protección contra sarro con la eliminación de sustancias no deseadas.

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Percolado, Infusión, Cocción: ¿Cuáles son las diferencias?

Cuando hablamos de café, estos términos a veces se usan como sinónimos, aunque no lo son. Corresponden a técnicas de extracción muy diferentes. Vamos a verlas:

Percolado: la extracción se logra haciendo pasar un fluido a través de una sustancia porosa.

Cocción: método de extracción basado en la ebullición.

Infusión: el ingrediente se remoja en agua caliente para extraer sus elementos solubles

Maceración: técnica de extracción que se realiza a temperatura ambiente o en un entorno enfriado (criomaceración) donde se crea el contacto entre un liquido y un ingredientes.

En la elaboración de café, estos sistemas pueden coexistir (infusión y percolado, por ejemplo), pero si tuviéramos que indicar la técnica prevalente para cada método, tendríamos que decir que el café turco es una cocción, el café de las cafeteras de émbolo es una infusión, y las infusiones en frío son el resultado de la maceración, y todos los demás métodos son formas de percolado.

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Presión Mecánica

El vapor es un recurso excelente, pero no es el óptimo para el café. Francesco Illy entendió esto en 1935 cuando patentó una máquina de aire comprimido.

Achille Gaggia patentó en 1947 una máquina de café con un mecanismo de resorte capaz de ejercer una presión de unas ocho atmósferas en el agua.

Esta invención, combinada con el progreso alcanzado por cientos de tostadores de café durante más de un siglo, finalmente condujo a la creación del café expreso italiano.

El paso final lo dio Faema, que en 1960 inventó una maquina que aplica presión por medio al mercado la historia Faema.

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